Manejo sostenible de plagas y enfermedades en la agricultura urbana

9 | febrero | 2019

Manejo sostenible de plagas y enfermedades en la agricultura urbana

Extractos de ortiga, de ajo con aceites esenciales de limón y macerados de caracoles, son algunas de las alternativas para un manejo sostenible de plagas y enfermedades en la agricultura urbana y periurbana.

Cada vez son más los consumidores y productores aficionados que se animan a obtener sus propias frutas, hortalizas y aromáticas en casa. Para ellos, la huerta familiar surge como una alternativa de consumo responsable y saludable, al tiempo que se reconectan con la tierra, lo que implica numerosos beneficios tanto para la salud como para el ambiente.

En este contexto, prescindir de insumos químicos y entender los procesos naturales resulta fundamental para producir en línea con el ambiente. Pero, ¿cómo combatir los depredadores naturales de las plantas sin los insecticidas convencionales? ¿Cómo ser leales a los principios agroecológicos sin caer en la tentación?

Para Mariel Mitidieri –especialista en horticultura periurbana y responsable de la Clínica de plantas del INTA San Pedro–, producir alimentos en casa sin agroquímicos tiene numerosas ventajas y algunos riesgos como el padecer ciertas plagas. “De tolerar el margen de pérdidas que esto implica, pueden acceder a una alimentación realmente saludable con numerosos beneficios”, indicó. “Es importante entender que las plantas conectan con la vida y están en contacto con insectos y microorganismos patógenos. Esto es totalmente normal y natural”, explicó, al tiempo que se refirió a las alternativas de control natural como la inoculación semanal con bacterias benéficas o preparados naturales.

La pregunta surge también de manera natural y nos obliga a consultar: ¿Son tan efectivos como se cree? ¿Tienen los mismos resultados que los productos de síntesis química?

Mónica Filippi –especialista en producción de cultivos intensivos del INTA Chivilcoy, Buenos Aires– no sólo confirmó su eficacia, sino que reconoció que está comprobada científicamente: “Para el caso del efecto del extracto de ortiga sobre lechugas cultivadas en invernáculo, tenemos ensayos que demuestran sus virtudes”.

En este punto, detalló que una reciente investigación, realizada en las lechugas variedad tipo mantecosa del invernáculo del INTA Junín, demostró que un aumento en el peso de las plantas regadas con extracto de ortiga puro, al tiempo que produjeron un efecto preventivo de daño.

Otra investigación demuestra la eficacia del macerado de caracoles para el control de la misma plaga. Se recolectan entre 60 y 100 caracoles durante la estación de crecimiento, se los coloca en un balde para, luego, triturarlos completos con un pilón u objeto pesado. A esa pasta se le agrega agua en la proporción de 1 de pasta a 3 de agua y se mezcla.

Al macerado se lo deja fermentar destapado y a la sombra durante siete días hasta el momento en el que se percibe un fuerte olor nauseabundo. En ese momento, se aplica sobre las áreas sombrías de la huerta y el líquido sobrenadante –previo filtrado– se pulveriza sobre las plantas atacadas por caracoles.

Por su parte, Mitidieri se mostró más cautelosa y sentenció: “Si bien tienen resultados reales, no son tan efectivos como los plaguicidas de síntesis química”, al tiempo que subrayó la importancia de considerar que “los plaguicidas sólo deberían ser utilizados por los productores que tiene la posibilidad de respetar la normativa vigente y las buenas prácticas agrícolas”.

En este sentido, la investigadora reconoció que “existe una demanda continua y creciente por conocer formas no contaminantes de proteger los cultivos de la huerta” y se refirió a los recientes ensayos realizados en el Laboratorio de Fitopatología del INTA San Pedro, Buenos Aires, sobre preparados caseros.

Filippi destacó el extracto de ajo por ser “muy efectivo” para el control de trips en tomate de invernáculo y dijo: “Se debería difundir mucho más para evitar el abuso de aplicación de insecticidas, por la toxicidad para los operarios y los costos que representa la aplicación repetida de muchos insecticidas para el control de esta plaga que trasmite peste negra”.

Para su preparación, se requieren 120 gramos de dientes de ajo pelados, 500 gramos de cebolla pelada cortada en cubitos, una cucharada sopera de ralladura de jabón blanco y 500 centímetros cúbicos de agua. Todo se mezcla en la licuadora hasta que tenga la consistencia de la leche.

“Se le agregan otros 500 centímetros cúbicos (cc) de agua, se mezcla y se deja reposar y difundir en la heladera toda una noche”, explicó Filippi. Al otro día, se lo filtra con malla Dilución: 500 cc del filtrado en 10 litros de agua y pulverizamos el follaje cada tres días en ataques intensos.

Fuente: INTA

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