Ganadería: el pastoreo directo y la pastura perenne

26 | enero | 2019

Ganadería: el pastoreo directo y la pastura perenne

Por Mariano Fava (*)

Llegando casi al final del mes de enero, aquellos productores pecuarios que tengan pensado implantar pasturas perennes es necesario que ya empiecen a trabajar para el éxito de tal empresa.

Es indispensable escoger el lote que se destinará para tal fin de manera de ir preparándolo. Un aspecto muy importante del establecimiento de pasturas es tener en claro qué especies vamos a establecer, para así seleccionar el mejor cultivo antecesor posible. En general, el trigo es uno de los mejores antecesores de las praderas base alfalfa; en caso de querer plantarlo sobre algún cultivo de verano lo más aconsejable sería el girasol. El inconveniente más importante de este último radica en que si no es un cultivo que se haya conducido bajo la tecnología Clearsol o Clearsol Plus, posiblemente tengamos un lote enmalezado, lo cual representa un verdadero dolor de cabeza y una situación que deberíamos evitar por todos los medios.

Iniciarse con un lote enmalezado es una muy mala elección para implantar una pastura perenne porque la misma es muy costosa, es un cultivo que vamos a tener por lo menos cuatro años en el campo y, adicionalmente, las praderas constan de especies cuyos simientes (semillas) son de muy pequeño tamaño, por consiguiente tiene poca reserva, poseyendo muy baja habilidad competitiva en las etapas iniciales del proceso de implantación (primeros meses de vida) A esto hay que adicionar el hecho de que los herbicidas para este tipo de especies son caros, y si la pradera es polifítica (más de una especie) se complica aún más lograr un control satisfactorio de malas hierbas (sobre todo de las gramíneas). Por lo tanto, se debe llegar a la siembra de una pastura con un lote limpio, completamente cargado de humedad en su perfil y que esté en condiciones de ser sembrado durante la segunda quincena del mes de marzo o primera semana de abril, evitando mayores demoras, sobre todo si se plantase alfalfa.

Otro aspecto importante es la calidad de la semilla a plantar. Es importante que sea una variedad de alta productividad y de reconocida calidad. Libre de malezas problema, como ejemplo en alfalfa, podemos citar “biznaga” y/o “coscuta”. El simiente debe estar tratado profesionalmente, o sea que tenga el agregado de polímeros, micronutrientes e inoculantes, los cuales garantizarán una rápida implantación libre de hongos, malezas e insectos. Otro ejemplo paradigmático que podemos mencionar es el caso de la “festucosis”, un hongo que se transmite por semilla y que de estar presente al momento de sembrar una pastura de festuca, el forraje generado a partir de esta pradera va a ser tóxico. Estos son algunos de los ejemplos, podemos dar muchos más de por qué conviene ser muy exigente en la calidad de la semilla a emplear.

Párrafo aparte merece el tema fertilización. En general, las leguminosas (la alfalfa pertenece a ellas) son altamente exigentes en fósforo. Si la especie está bien provista de este elemento le permite producir adecuadamente fijando el nitrógeno del aire gracias a una simbiosis con un rizobium (bacteria). Este microorganismo se coloca previo a la siembra, al tratar la semilla, y junto a la alfalfa producen la fijación biológica del nitrógeno, proceso a través del cual la planta favorece al microorganismo con fotoasimilados (azúcares) para la vida del mismo, y éste a su vez, en retribución, fija nitrógeno del aire usando la fotosíntesis de planta como fuente de energía para reducir el nitrógeno a nitratos asimilables para los vegetales. Además de autoproveerse el vital elemento necesario para su vida, la leguminosa, a través de diferentes procesos, les suministra nitrógeno al resto de las especies integrantes de la pradera, como puede ser, por ejemplo, una festuca.

Otro aspecto a tener en cuenta es la sembradora a emplear. Las máquinas modernas de siembra directa en general no son eficientes sembrando semillas diminutas. El productor trata de solucionar el inconveniente elevando la densidad de siembra, pero esto por un lado eleva bastante los costos, y por el otro no termina de ser del todo eficiente. Se recomienda trabajar en una buena distribución de rastrojos, o incluso en arrollarlo para tener menos cantidad de materia seca en superficie que interfiera en el proceso de implantación. Actualmente, existe la posibilidad de colocar barre rastrojos a los órganos de siembra. El inconveniente principal de esta técnica es que exige un espaciamiento mínimo entre surco de al menos 35 centímetros. También subsiste la posibilidad de hacer siembra convencional, o sea con labranza previa del potrero para luego sí sembrar la pastura. En general, las semillas de especies forrajeras perennes por su pequeña dimensión deben ser plantadas a un centímetro de profundidad como máximo, e incluso hay algunas como “lotus” o “trébol blanco” que germinan aún si no son tapadas.

Para finalizar, nos referiremos al cuidado que se debe tener a la hora de hacer el primer pastoreo de una pastura base alfalfa. El mismo se hará una vez que confirmemos el buen arraigo de las especies, lo que se puede chequear a mano en el potrero; en general demanda un tiempo no menor a tres meses desde la siembra. El pastoreo conviene hacerlo con categorías chicas, con altas cargas por poco tiempo, produciendo un leve despunte de las hierbas. Esto favorece sobre todo a la leguminosa que tiene un crecimiento inicial algo menor a la gramínea, y también sería un buen momento para pulverizar la pastura si hay que hacer algún control puntual de alguna maleza.

(*) Ingeniero Agrónomo (MP 607 CIALP) – Posgrado en Agronegocios y Alimentos – @MARIANOFAVALP

Fuente: El Diario de La Pampa

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